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Aprende de vino

Historia, mitología y ciencia detrás del ajenjo, el alma del vermut

El vermut es, por definición legal, cultural y sensorial, un equilibrio perfecto entre la dulzura del vino, la acidez de los cítricos y el amargor de los botánicos.

Publicado por:
Ana Gómez González

Sin embargo, existe un ingrediente sin el cual esta bebida perdería su identidad por completo, un pilar vegetal tan determinante que su propio nombre en idioma alemán (wermut) bautizó a la categoría entera. Hablamos del ajenjo (Artemisia absinthium), una planta envuelta en un aura de misticismo, mitología y controversia médica que ha fascinado a la humanidad desde hace miles de años.

Durante siglos, el ajenjo ha oscilado en la percepción pública entre dos extremos absolutos: fue adorado como una planta sagrada y un tónico medicinal milagroso capaz de sanar los estómagos más débiles, pero también fue demonizado como una sustancia peligrosa, alucinógena y prohibida que supuestamente arrastraba a la locura a los artistas de la Belle Époque parisina.

Hoy nos sumergimos en los secretos más profundos del ajenjo. Analizaremos sus propiedades botánicas y químicas, desentrañaremos cómo actúa en el cuerpo humano según la ciencia moderna y recorreremos su apasionante viaje a través de la historia del vermut, desde los rituales de la Antigüedad hasta su consagración en las barras contemporáneas.

1. Perfil botánico del ajenjo: la planta de las hojas de plata

Para comprender el impacto del ajenjo en el vermut, primero debemos conocer a la planta en su estado natural. La Artemisia absinthium es una especie perenne perteneciente a la familia de las Asteráceas (la misma familia a la que pertenecen las margaritas y los girasoles). Es originaria de las regiones templadas de Europa, Asia Central y el norte de África, aunque hoy en día crece de forma silvestre en casi todo el mundo, mostrando una predilección especial por los suelos secos, áridos y los márgenes de caminos pedregosos.

Visualmente, el ajenjo es una planta de una belleza sutil y misteriosa. Puede alcanzar entre 60 y 120 centímetros de altura. Sus tallos son firmes y ramificados, pero lo que realmente la distingue es el color de sus hojas. Están cubiertas por un vello finísimo de color blanco plateado (llamado tricomas). Estos pelos no solo protegen a la planta de la deshidratación bajo el sol intenso, sino que le otorgan un aspecto brillante.

Al frotar sus hojas entre los dedos, el ajenjo libera un aroma intensamente herbáceo, balsámico y alcanforado. Sin embargo, su característica más famosa es, sin duda, su sabor. El ajenjo es una de las sustancias vegetales más amargas que existen en la naturaleza. De hecho, en el folclore popular de múltiples culturas, la palabra "ajenjo" se utiliza de forma metafórica como sinónimo de amargura, hiel o sufrimiento profundo.

2. La química del amargor: ¿por qué cura y qué contiene?

El secreto del éxito medicinal y gastronómico del ajenjo no reside en la magia, sino en una compleja y fascinante estructura bioquímica. Cuando los antiguos herboristas y médicos maceraban la planta en vino o agua, estaban extrayendo una serie de principios activos que hoy la ciencia moderna ha identificado con total precisión.

Los principios amargos: absintina y anabsintina

El amargor extremo del ajenjo se debe principalmente a dos compuestos clasificados como lactonas sesquiterpénicas: la absintina y la anabsintina. Estas moléculas son tan potentes que el sentido del gusto humano puede llegar a detectarlas incluso si se disuelve una sola gota de extracto de ajenjo en miles de litros de agua pura.

Desde el punto de vista evolutivo, la planta produce estas sustancias amargas como un mecanismo de defensa infalible para evitar ser devorada por animales herbívoros o insectos. Sin embargo, en los seres humanos, estos compuestos desencadenan una respuesta fisiológica sumamente beneficiosa para el sistema digestivo, la cual analizaremos en profundidad más adelante.

El aceite esencial y el misterio de la Tujona

Además de los principios amargos, las hojas y flores de la Artemisia absinthium contienen entre un 0.2% y un 1.5% de un aceite esencial rico en compuestos volátiles. Entre ellos destacan el biazuleno (que aporta propiedades antiinflamatorias), el felandreno, el pineno y, de manera muy especial, la tujona (o thujone).

La tujona es un monoterpeno cetónico que ha sido objeto de intensos debates científicos y legislativos. Durante el siglo XIX, se creía erróneamente que la tujona presente en las bebidas destiladas de ajenjo (como la absenta) actuaba como un opiáceo o un alucinógeno similar al THC del cannabis, provocando un estado de alteración mental conocido como "absinthismo".

Hoy sabemos, gracias a la toxicología moderna, que la tujona es un antagonista de los receptores GABA en el cerebro. En dosis masivas y puras, puede llegar a ser neurotóxica y provocar convulsiones. Sin embargo, las concentraciones de tujona que se extraen de forma natural al macerar el ajenjo para elaborar vermut son increíblemente bajas y completamente seguras para el consumo humano. Los mitos sobre las alucinaciones verdes no eran causados por la planta, sino por los alcoholes industriales adulterados y de pésima calidad con los que se elaboraban los licores clandestinos del siglo XIX.

3. Propiedades medicinales demostradas de la Artemisia absinthium

Mucho antes de que existieran los laboratorios farmacéuticos, el ajenjo ya ocupaba un lugar de honor en los tratados médicos más importantes de la historia humana. Sus propiedades terapéuticas, validadas por la etnobotánica y la farmacología actual, se centran principalmente en el sistema digestivo y la salud intestinal.

El tónico estomacal por excelencia 

La propiedad más destacada del ajenjo es su capacidad para combatir la inapetencia (anorexia) y las digestiones lentas o perezosas (dispepsia). Cuando los principios amargos del ajenjo entran en contacto con las papilas gustativas de la lengua, estimulan de inmediato los receptores del sabor amargo conocidos como receptores T2R.

Esta estimulación envía un reflejo nervioso instantáneo a través del nervio vago hacia el cerebro, el cual responde ordenando la secreción masiva de fluidos digestivos: la saliva en la boca, el ácido clorhídrico en el estómago y el pepsinógeno. Como resultado directo, el estómago se expande, se despierta la sensación de hambre (efecto orexígeno) y el cuerpo se prepara de manera óptima para recibir y procesar los alimentos. Esta es la base científica exacta de por qué el vermut es el rey indiscutible antes de una comida.

Acción colerética y colagoga

El ajenjo no solo trabaja en el estómago; ejerce una poderosa influencia sobre el hígado y la vesícula biliar. Posee una acción colerética (aumenta la producción de bilis por parte de las células hepáticas) y una acción colagoga (facilita la expulsión de la bilis almacenada en la vesícula hacia el duodeno).

La bilis es el detergente natural de nuestro cuerpo, la sustancia encargada de emulsionar y descomponer las grasas que ingerimos para que puedan ser absorbidas en el intestino. Por lo tanto, consumir una pequeña cantidad de ajenjo a través de un vino aromatizado ayuda a que las comidas copiosas, grasientas o pesadas se procesen con mayor rapidez, evitando la molesta pesadez estomacal, los gases y la hinchazón.

Propiedades antihelmínticas 

El término absinthium proviene de una raíz griega que significa "sin dulzura", pero en inglés la planta recibe un nombre sumamente descriptivo: Wormwood (madera de gusanos). Este nombre hace referencia directa a una de sus aplicaciones médicas más antiguas y universales: su capacidad para erradicar los parásitos intestinales, especialmente las lombrices y los ascaris.

Los componentes del aceite esencial del ajenjo resultan altamente tóxicos para el sistema neuromuscular de estos organismos parásitos, paralizándolos y facilitando su expulsión del tracto digestivo sin dañar la mucosa intestinal del ser humano. En épocas donde la salubridad del agua y los alimentos era deficiente, el ajenjo era un salvavidas cotidiano.

4. El ajenjo en la mitología y las culturas antiguas

Una planta con propiedades tan drásticas y evidentes no tardó en incorporarse a los mitos, la religión y el folclore de las civilizaciones más importantes de la cuenca mediterránea y el Medio Oriente.

La bendición de la diosa Artemisa

En la Antigua Grecia, el ajenjo estaba consagrado de forma directa a Artemisa, la imponente diosa de la caza, los bosques vírgenes, los animales salvajes y el alivio del parto. Según los relatos mitológicos, fue la propia diosa quien descubrió las virtudes medicinales de la planta y se las entregó a los seres humanos para calmar los dolores de las mujeres y proteger a los viajeros que se adentraban en la naturaleza. De ahí deriva el nombre genérico del género botánico: Artemisia.

Existe otra leyenda paralela que asegura que el ajenjo brotó directamente sobre la tierra húmeda siguiendo el rastro exacto que dejó la serpiente al ser expulsada del Jardín del Edén. Esta dualidad —una planta nacida del pecado o entregada por una divinidad— refleja a la perfección la fascinación y el respeto que siempre ha inspirado.

El papiro Ebers y el Antiguo Egipto

Los registros escritos más antiguos sobre el uso del ajenjo se encuentran en el famoso Papiro Ebers, un tratado médico egipcio que data del año 1550 a.C. En este valioso documento, los médicos de los faraones ya prescribían el uso de extractos de ajenjo para aliviar los dolores punzantes del vientre, eliminar las fiebres recurrentes y ahuyentar a los malos espíritus que corrompían los alimentos dentro del cuerpo.

5. El viaje histórico del vermut: del remedio al placer de la barra

Aunque Hipócrates de Cos sentó las bases en el año 460 a.C. al crear su famoso Vinum Hippocraticum (macerando ajenjo y díctamo en vino para purificar los humores del cuerpo), el proceso de transformación que llevó a esta planta a convertirse en el vermut moderno requirió de siglos de evolución, geografía e ingenio comercial.

La Edad Media y el secreto de los monasterios

Con la caída del Imperio Romano, gran parte del conocimiento médico clásico se refugió en los monasterios europeos. Los monjes altomedievales se convirtieron en los grandes custodios de la botánica. En los huertos monásticos (los hortus medicus), el ajenjo ocupaba un lugar prioritario junto a la menta, la salvia y el romero.

Los monjes perfeccionaron el arte de la maceración en vino, pero se enfrentaban a un problema recurrente: el Vinum Hippocraticum era tan amargo que los enfermos apenas podían tragarlo. Para solucionar este inconveniente, comenzaron a enriquecer la fórmula introduciendo especias exóticas procedentes de las rutas comerciales de Oriente, como la canela, el clavo, el jengibre y el cardamomo. Sin saberlo, estaban diseñando el perfil aromático complejo que hoy caracteriza a los vermuts premium.

La conexión alemana: el origen de la palabra

Durante el Renacimiento, el consumo de vinos medicinales aromatizados con ajenjo se extendió con fuerza por el centro de Europa, especialmente en las regiones germánicas. En Alemania, este preparado casero y comercial se conocía popularmente como Wermutwein (vino de ajenjo).

La palabra wermut deriva del antiguo alto alemán y está compuesta por raíces que evocan la idea de "preservar la mente" o "tónico protector". Los alemanes consumían este vino no solo para mejorar la digestión, sino como un remedio preventivo contra las plagas y los enfriamientos del invierno.

El Piamonte italiano y el nacimiento del Vermut moderno (1786)

A pesar de su popularidad, la bebida seguía estando confinada al ámbito doméstico o farmacéutico. El punto de inflexión definitivo que cambió la historia de la coctelería mundial ocurrió en la ciudad de Turín (Italia) en el año 1786.

Un joven e ingenioso herborista llamado Antonio Benedetto Carpano trabajaba en una pequeña licorería situada frente al Palacio Real de Turín. Carpano, que conocía a fondo las recetas clásicas de los vinos de ajenjo alemanes, consideraba que la bebida tenía un potencial enorme si lograba adaptarse a los paladares refinados de la aristocracia piamontesa.

Carpano decidió rediseñar la fórmula por completo:

1. Seleccionó un vino blanco local de excelente calidad como base limpia.

2. Mantuvo el ajenjo como el botánico estructural obligatorio para aportar el amargor característico.

3. Añadió una sinfonía secreta de más de 30 raíces, cortezas de cítricos, flores y especias.

4. Incorporó azúcar caramelizado, que aportaba una textura sedosa, suavizaba el amargor del ajenjo y teñía la mezcla de un precioso color ámbar oscuro.

Carpano bautizó a su creación con el nombre italianizado de Vermouth, rindiendo homenaje al término alemán wermut. La bebida resultó ser una absoluta revolución. Era sofisticada, aromática, dulce y con un final amargo adictivo. La corte del Rey de Cerdeña y Piamonte quedó tan fascinada que adoptó el vermut de Carpano como la bebida oficial de la tarde. En pocos años, la costumbre de tomar un "vermut" antes de la cena se extendió por todos los cafés de Turín, dando origen a la industria moderna del aperitivo.

La ramificación francesa: el vermut seco

Mientras Italia se consolidaba como la cuna del vermut dulce y rojo (estilo Torino), en Francia surgió una vertiente paralela a principios del siglo XIX. En 1813, el bodeguero francés Joseph Noilly desarrolló una fórmula completamente diferente en el sur de Francia.

Noilly utilizó vinos blancos secos de la región, los envejeció en barricas de roble expuestas a los elementos marinos y los aromatizó con ajenjo y una selección de hierbas locales más sutiles y florales, sin añadir apenas azúcar. Así nació el Vermut Blanco Seco (estilo French Dry), un ingrediente que se volvería indispensable décadas más tarde para la creación de cócteles icónicos americanos como el Dry Martini.

6. Las regulaciones actuales: la herencia de Hipócrates protegida por ley

Hoy en día, el vermut ya no se elabora en trastiendas de farmacias ni en tiendas artesanales sin control, pero la legislación internacional ha querido proteger de forma muy estricta el vínculo histórico de esta bebida con la planta que le dio la vida.

Según los reglamentos vigentes de la Unión Europea (Reglamento UE Nº 251/2014) y los organismos de control de mercados internacionales, para que una bebida pueda comercializarse legalmente bajo la denominación de "Vermut", debe cumplir de forma obligatoria con tres requisitos estructurales insustituibles:

*Base vinícola: debe estar compuesto por al menos un 75% de vino base en su volumen total.

*Graduación alcohólica: tiene que poseer un grado alcohólico adquirido de entre el 14.5% y el 22% vol.

*Presencia de Artemisia: la aromatización de la bebida debe incluir obligatoriamente plantas del género Artemisia (especialmente Artemisia absinthium o Artemisia pontica). Es decir, si un vino aromatizado no contiene ajenjo, puede ser un vino medicinal o un aperitivo herbáceo, pero legalmente jamás podrá llamarse vermut.

Esta estricta ley garantiza que cada vez que compramos una botella de vermut en cualquier lugar del planeta, estamos consumiendo el mismo hilo conductor vegetal que Hipócrates diseñó en el 460 a.C.

7. Anatomía de una copa de vermut: cómo el ajenjo interactúa en una cata

Cuando realizamos la cata de un buen vermut, el ajenjo juega un papel que los maestros bodegueros comparan con la estructura de un edificio: no siempre es el elemento más vistoso a primera vista, pero es el que sostiene todo el conjunto.

     

1.En nariz: el ajenjo aporta las notas altas de carácter balsámico, herbáceo y medicinal. Limpia los aromas excesivamente empalagosos de las especias dulces como la vainilla o la canela, aportando frescura y una sensación de nitidez campestre.

2.En boca (entrada): al dar el primer sorbo, las papilas perciben inicialmente la dulzura del azúcar caramelizado y la vinosidad del vino base. Es una entrada suave, cálida y reconfortante.

3.En boca (final y retrogusto): aquí es donde el ajenjo hace su entrada triunfal. A medida que el líquido pasa por la garganta, la dulzura se desvanece y es sustituida por un amargor limpio, seco y profundamente persistente causado por la absintina. Este final amargo cumple una función estética y técnica crucial: limpia por completo el paladar de la saliva espesa y los azúcares, dejando la boca fresca, ligera y con una intensa necesidad biológica de dar otro sorbo o de saborear un bocado de comida (el clásico aperitivo salado como patatas, encurtidos o quesos).

El ajenjo es un testimonio vivo de la resiliencia de la naturaleza y del ingenio humano. Ha sobrevivido a las prohibiciones políticas, a los mitos de la locura artística de París, a la decadencia de las boticas medievales y a los cambios drásticos en las modas de consumo.

Hoy, despojado de sus falsas leyendas oscuras gracias a la ciencia y protegido por las leyes de la gastronomía global, el ajenjo sigue cumpliendo en cada botella de vermut exactamente la misma función con la que fue creado bajo el sol de la Grecia Clásica: estimular nuestros sentidos, sanar y preparar nuestro sistema digestivo, y, por encima de todo, transformar un acto cotidiano como el beber en un ritual de celebración, salud y cultura compartida. ¡Salud!